La «obra del siglo»… ¿según quién?
La teoría de Darwin de que las especies evolucionan es universalmente aceptada: hace millones de años, el perro era un lobo o un chacal y el delfín, un mamífero terrestre. Ahora bien: evolución no es sinónimo de progreso, sino de cambio y transformación, lo cual es bien distinto. Las especies mutan, cambian de estado, pero no necesariamente mejoran. ¿No puede decirse lo mismo del hombre, el arte o la filosofía? El hombre moderno devino posmoderno, el arte impresionista, expresionista; el idealismo, existencialismo? y la fuente de Trevi, mingitorio de Marcel Duchamp.
Hace sólo unos días se nos informó de que las 500 personas más poderosas del arte británico «entre curadores, críticos, y artistas» habían elegido a la Fuente de Duchamp como la obra de arte más representativa del siglo, relegando a un segundo puesto a Las señoritas de Avignon , de Pablo Picasso. Más aún, a propósito de esta insólita votación, Simon Wilson, ex curador de la Tate Gallery, elogió la famosa obra de Duchamp de este modo: «Es una pieza que amo. Tiene todo: es rica en metáforas; es escatológica; rompe con las convenciones sociales y es muy, pero muy, provocativa». Al leer esta apreciación, no es fácil decidir si se trata de una broma, de un juicio crítico absurdo o, simplemente, de un caso severo de esnobismo. ¿Esa es realmente la «obra de arte» más representativa de los últimos tiempos? Se lamentan el escultor de talento y el amante del arte, y unos y otros se ponen a revisar los conceptos de «amor», «metáfora», y «escatología», en un intento por comprender el juicio supuestamente profesional de Wilson.
En primer lugar, ¿cómo es que un simple y vulgar mingitorio puede aventajar a una obra de Picasso? Hallamos la respuesta en los subtítulos de la noticia en cuestión: porque la de Duchamp es la obra más influyente del arte moderno y la que dio origen al arte conceptual contemporáneo. De acuerdo, pero entonces, ¿gran parte del arte contemporáneo es trivial y decadente? Esto nadie nos lo explica. En segundo lugar, ¿en qué sentido puede amarse el mingitorio de Duchamp? En el sentido -suponemos- de que simboliza una ruptura con la noción tradicional de arte. Muy bien, pero ¿no habíamos convenido en que evolución no es, necesariamente, sinónimo de progreso? Por lo tanto, amar a un mingitorio por el solo hecho de haberse convertido en otra cosa (una fuente), vale tanto como amar la fuente de Trevi porque a alguien se le ocurrió usarla de mingitorio. Es el culto de la transgresión por la transgresión.
Pero el señor Wilson (y al parecer, los otros 499 votantes) no sólo ama la obra de Duchamp por revolucionaria, sino por metafórica y escatológica. Una metáfora es una suerte de comparación tácita hecha con una intención lírica. ¿Con qué se compara al mingitorio? Con una fuente. ¿En qué radica el lirismo de esta comparación? No lo sabemos: para el caso, también debería ser metafórica y poética una licuadora que nos remitiera a un remolino de la naturaleza.
Por último, Wilson ama a esa obra por escatológica, y «escatológico» es tanto lo relativo a la vida de ultratumba como lo que refiere a excrementos y suciedades. No hay duda de que el ex curador toma la segunda acepción del término en su elogio, así que nos preguntamos: ¿en qué sentido es amable lo excrementicio?
Pero el lector desprevenido no tendría que hacer tantos esfuerzos de comprensión si conociera la noticia en su totalidad. Porque el caso es que la votación que elevó al mingitorio de Duchamp a la categoría de «obra del siglo», es resultado de una campaña de promoción del premio Turner 2004, que -nos informan los medios- es algo así como el Oscar del arte británico. Lo que no se nos dice es que el premio Turner se caracteriza por distinguir obras de contenido aberrante o escandaloso, al punto de que la exposición de este año que se organizó en la galería Tate Britain tiene un cartel en su entrada que advierte: «No recomendado para niños menores de 16 años». Entre las obras expuestas, por ejemplo, hay una de nombre «Muerte», que consiste en una escultura de bronce que muestra una escena de sexo oral entre muñecos inflables, y también están las obras del transexual Grayson Perry (premio Turner 2003) que son jarrones con temas de abuso infantil.
En suma, los organizadores del premio Turner (calificado por el ministro de cultura británico, Kim Howells, como «basura conceptual»), son los responsables de que se eligiera al mingitorio de Marcel Duchamp «la obra del siglo» y, por lo tanto, esa distinción carece de relevancia.
Chesterton escribió: «El periodismo consiste esencialmente en informar que lord Jones ha muerto a personas que no sabían que lord Jones estaba vivo». Y en este caso es válido decir que el periodismo consiste en informar que los promotores del premio Turner declararon al mingitorio la «obra del siglo» a personas que no sabían que el premio Turner puede tener bastante de fantochada.
http://www.lanacion.com.ar/661332-la-obra-del-siglo-segun-quien