Preguntas sobre Harry Potter
Harry Potter es el libro más vendido de los últimos tiempos. Traducido a más de treinta idiomas, y llevado al cine por la Warner Bros, el libro convirtió a su autora, Joanne Kathleen Rowling, en una de las mujeres más ricas del mundo, y también de las más galardonadas.
Pero la saga de Rowling no recogió sólo laureles. Muy por el contrario, los libros de Harry Potter fueron recientemente prohibidos en escuelas y otras instituciones educativas de los Estados Unidos, Rusia, Australia, el Reino Unido, bajo la acusación de iniciar a los niños en el ocultismo y de filtrar en sus páginas mensajes subliminales de contenido satánico. Por su parte, numerosos grupos de padres y educadores en diversas naciones se han organizado para denunciar el «halo siniestro» que envuelve a la obra, así como el alto grado de morbosidad y sadismo presente en muchos de sus episodios, lo cual –afirmaron–, es absolutamente inapropiado para la delicada y receptiva mente de un niño.
¿Quién tiene razón, entonces? ¿Los millones de admiradores de esta obra fantasiosa (entre los que abundan las víctimas del consumismo reinante), o el puñado de educadores que la defenestran?
Detengámonos en algunos pasajes de los dos primeros tomos de la saga, para que cada cual juzgue por sí mismo, según su criterio.
Harry Potter es un niño huérfano cuyos padres fueron asesinados por el siniestro Voldemort. Potter vivía con sus tíos (cínicos y grotescos) hasta que un día fue elegido para ingresar en la escuela de artes mágicas Hogwarts. Desde el preciso momento en que Potter abandona el mundo de los «muggles» (gente no mágica) para viajar a la escuela, el protagonista comienza a moverse en un mundo tenebroso y subterráneo, como si hubiera descendido al infierno.
Guiado por Hagrid, su primer destino es el bar El Caldero Chorreante, un lugar «mugriento, oscuro y miserable», donde Potter conoce a los primeros magos (el bar de la escuela se llamará Cabeza de Puerco, y una contraseña usada por los estudiantes será «hocico de chancho»). Después de El Caldero, llegan a un banco administrado por duendes. Allí Potter obtiene una bolsa de oro. Por el banco se desplazan en un «carro infernal» que atraviesa abismos sin fondo y un lago subterráneo, igual al del infierno de la mitología griega (una vez instalado en la escuela, Potter deberá enfrentar a un perro de tres cabezas, parecido al perro guardián del infierno griego). Del banco se trasladan a una tienda, donde el vendedor le da a Potter una varita mágica que perteneció al Innombrable (el mismo diablo: Voldemort), augurándole un gran futuro por esa adquisición, ya que «después de todo, el Innombrable hizo grandes cosas. Terribles, sí, pero grandiosas».
Potter tiene una «marca en la frente, de cuando una maldición diabólica» lo tocó. Esa marca en forma de rayo, «lo único que a Harry le agradaba de su persona», se la hizo, en sus primeros días, Voldemort. Esta marca diabólica tiene, sin duda, relación simbólica con «la marca de la bestia» mencionada en el Apocalipsis: el anticristo marcará a los suyos con un signo en la mano derecha o en la frente.
En la escuela abundan almas de difuntos con túnicas ensangrentadas. Su director, Albus Dumbledore, les advierte a los alumnos en su discurso de bienvenida que «el corredor del tercer piso, del lado derecho, está prohibido para todos los que no deseen sufrir una muerte muy dolorosa». Profesores y celadores (la mayoría, sádicos y maliciosos), harán de continuo este tipo de amenazas. «Oh, sí… Trabajo duro y dolor son los mejores maestros –afirma Filch–; es una lástima que hayan abandonado los viejos castigos. Colgarlos de las muñecas, del techo, por unos pocos días. Yo tengo todavía las cadenas en mi oficina. Las mantengo bien aceitadas, por si alguna vez se necesitan.» Y en el segundo tomo, Potter ingresa en una cámara de torturas repleta de «una gran variedad de huesos humanos».
Los estudiantes deben entonar «la canción del colegio», cuya letra dice: «Hogwarts, Hogwarts/ enséñennos algo por favor/ aunque seamos viejos y pelados/ o jóvenes con rodillas roñosas/ nuestras mentes pueden ser llenadas/ con algunas materias interesantes/ porque ahora están vacías y llenas de aire/ pulgas muertas y un poco de pelusa/ así que enséñennos cosas que valga la pena saber/ hagan que recordemos lo que olvidamos/ simplemente hagan lo mejor, nosotros haremos el resto/ y aprenderemos hasta que nuestros cerebros se consuman». Cuando todos finalizan la canción, dos alumnos mellizos (los Weasley), la siguen cantando como hechizados, «con la melodía de una lenta marcha fúnebre».
El mayor enemigo es Voldemort, «con sus brillantes ojos y ranuras en vez de fosas nasales, como las víboras», que suele tomar posesión del cuerpo de Potter para inmovilizarlo, susurrándole en su interior con una voz «fría como el hielo»: «Ven… ven a mí… déjame que te rasgue… Déjame que te rompa… Déjame matarte».
Pero Potter no está solo. Cuenta con la ayuda del director, Dumbledore, que, a su vez, está respaldado por su más estrecho colaborador, el misterioso alquimista Nicolás Flamel, para quien «diez semanas son un segundo». Flamel fabricó la piedra filosofal, que concede la inmortalidad a quien la posee, pero en el final de la obra se nos dice que Flamel destruyó la piedra y se condenó a morir para que el prodigio no cayera en manos del mal. Curiosamente, Nicolás Flamel «ha celebrado el año pasado su cumpleaños 665», de modo que su edad actual es 666 años.
Hay otros episodios extraños, como cuando Hagrid (que siempre ha querido tener un dragón «para su placer y provecho»), incuba en el fuego de la estufa un huevo negro, del que nace un dragón maligno, el cual se alimenta «con brandy mezclado con sangre de pollo» para adquirir mayor tamaño y poder. En otra escena del libro, una «figura encapuchada» también bebe sangre para fortalecerse (beber sangre es una de las más típicas prácticas de la magia negra).
Y, a propósito de la sangre, en el capítulo «Los sangre sucia y una voz misteriosa», del tomo segundo, Draco Malfoy le advierte a la pequeña Hermione: «Nadie ha pedido tu opinión, asquerosa sangre sucia». Ron se indigna, y quiere defender a su amiga, pero Malfoy lo hechiza, y entonces «Ron abrió la boca para decir algo, pero no salió ninguna palabra. Por el contrario, resonó un tremendo eructo, y le salieron de la boca varias babosas que le cayeron en el regazo».
En otro capítulo: «La fiesta del aniversario de muerte», Nick Casi Decapitado celebra el día de su deceso. ¿Cúando? El Día de Todos los Santos. Potter es el invitado de honor. En un salón de ventanas negras y colgaduras igualmente negras, habitado por «monjas lúgubres», y «harapientos con cadenas», el difunto celebra el día en que fue asesinado. De fondo suena una música «como un sonido de mil uñas arañando un pizarrón». En la mesa, hieden «unos pescados grandes y podridos», un «pastel de vísceras con gusanos», y «como orgullo de la mesa, un gran pastel gris con forma de sepulcro, con unas letras que parecían alquitrán helado». Y enseguida leemos que «Harry contempló, asombrado, que un fantasma corpulento se acercaba, se agachaba y avanzaba en cuclillas a través de la mesa con la boca abierta, para que pasara por ella un salmón hediondo». En las paredes cuelgan esposas y cadenas y la gran fiesta culmina con el hallazgo de una gata de nombre «Señora Norris» colgada de la cola, «rígida como una tabla, y con los ojos abiertos y fijos», mientras una voz siniestra resuena en todas partes: «Huelo sangre… ¡Huelo sangre!».
Según se deduce de estos episodios, la obra de la señora Rowling (que, en mi opinión, no es obra de una sola persona), posee una atmósfera lúgubre y mortuoria. A unos, esto les resultará inofensivo y a otros, irrelevante, si esa atmósfera (o la maquinaria del marketing, o lo que sea) despierta en los niños el interés por la lectura.
En lo personal, sólo estoy seguro de una cosa: Antoine de Saint- Exupéry, autor de El Principito,y amigo espiritual de los niños del mundo, leería la obra de J. K. Rowling completamente azorado.
El autor es escritor y profesor de literatura .
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