Una nueva Edad Media

Hay signos de que, en pleno siglo XXI, estamos entrando en una especie de nueva Edad Media. Se advierte en hechos diversos, como el interés creciente por el canto gregoriano, el furor por las sagas y las leyendas ( El señor de los anillos Las rónicas de Narnia ), los filmes sobre las cruzadas, el resurgimiento del viejo conflicto entre Occidente y el islam, la brecha cada vez más grande entre ricos y pobres -que recuerda a las fosas que, en los castillos medievales, separaban a los señores de la plebe desposeída-, la proliferación de esas ciudades amuralladas que son los barrios cerrados y los countries , con sus barreras levadizas y sus torretas de vigilancia, etcétera.

Como un nuevo signo que vendría a corroborar este retorno a la Edad Media, el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, aprobó la construcción de una muralla para separar a su país de México, con la intención de frenar el flujo de inmigrantes ilegales y de convertir a la nación más poderosa en un lugar más controlado y seguro.

Aunque existen y siempre existieron murallas, que el gigante del Norte adopte una medida semejante tiene una significación simbólica especial y le devuelve a la antigua expresión «extramuros» su sentido original: abre la posibilidad de un mundo dialécticamente dividido entre los que vivirán adentro de la civilización (o del Primer Mundo, más bien) y los que quedarán afuera, lo cual echa por tierra la creencia de que Occidente evoluciona hacia un modelo de sociedades cada vez más abiertas y pluralistas.

Hinc sunt leones («Aquí hay leones») era una inscripción de los mapas antiguos para señalar las tierras que quedaban fuera del mundo civilizado. Para reforzar esa división, producto del miedo fantasioso, se dibujaban en los límites de esos mapas monstruos marinos, cavernícolas, serpientes descomunales tragando hombres y embarcaciones y hasta gigantes y demonios voraces.

Quizá Bush le encargue a un cartógrafo, en un futuro próximo, la tarea de dibujar, extramuros de Estados Unidos, monstruos fabulosos que representen a los enemigos virtuales del imperio. En latierra incógnita de México, un ser fabuloso de bocas numerosas y cien brazos escamosos tendidos hacia la muralla yanki. En América del Sur, un cíclope raquítico y desdentado, cubierto con un raído poncho indígena. En Asia, un dragón que despliega sus alas entre hormigueros altos como montañas. En Africa, un troglodita de vientre hinchado, con ojos como escarabajos, royendo un hueso de mamut. En Europa, un escorpión gigantesco (que podría simbolizar al euro), cruzando la frontera que separa al Viejo Continente de Turquía…

Ahora bien, ¿qué pudo llevar a Bush a aprobar un proyecto que puede dar lugar, si se concreta, a la composición virtual de un mapa como el que describimos? Posiblemente, la motivación haya sido lograr que el ciudadano norteamericano vea al mundo exterior como terrible, y de ahí en más tema caerse del mapa si osa traspasar los límites de su país (lo de «caerse del mapa» es una expresión heredada del imaginario medieval, naturalmente). En consecuencia, ese ciudadano ingenuo y tembloroso sería proclive a aprobar cualquier tipo de acción bélica contra sus monstruosos enemigos (pertenecientes todos al «eje del mal»), y concebiría al mundo maniqueamente dividido entre civilizados y bárbaros, exitosos y fracasados, Eloi y Morlocks (las dos razas en las que, según H. G. Wells en La máquina del tiempo , acabará separándose la humanidad futura: los aristócratas vegetarianos y espirituales, llamados Eloi, y los Morlocks, la raza subterránea de proletarios ciegos que en las noches sin luna emergerán del fondo de la tierra para devorar a los privilegiados). Por lo demás, acaba de difundirse que el municipio de Pekín piensa crear una ciudad subterránea de 90 millones de metros cuadrados para 2020, es decir, para cuando China esté aún mucho más poblada, sea más capitalista y la brecha entre ricos y pobres se haya ahondado.

En suma, la muralla no se construiría para detener a los inmigrantes (no se los puede contener con un método tan anticuado), sino para inculcar miedo a los propios estadounidenses y así poder manipularlos.

Por último, ¿es posible que la construcción de la muralla acelere el advenimiento de una nueva Edad Media? Una cosa es segura, y es que a una nueva Edad Media no la seguiría un período renacentista, sino de guerras y devastación, ya que una muralla (cualquiera que sea) jamás puede servir para acrecentar la seguridad y mucho menos para avivar la concordia entre pueblos, sino para agravar los conflictos de toda índole: raciales, culturales, políticos, etc. Por lo tanto, la construcción de una segunda muralla china sumada al hecho de que hace varias décadas el mundo ingresó en la era atómica no puede conducir más que a una única y fatal conclusión, y es que a una nueva Edad Media no le seguiría un Renacimiento, es decir, un período de amor por las ciencias y las artes, sino una nueva Edad de Piedra (Pekín, además de anunciar la creación de una ciudad subterránea, informó que planea la construcción de mil refugios de emergencia para proteger a su población en caso de ataque nuclear o desastre natural).

Albert Einstein, que advirtió que los futuros tres azotes de la humanidad serán a causa del estallido de tres bombas (la demográfica, la electrónica y la atómica), hizo una lúcida predicción a este respecto, al afirmar: «No sé cómo será la tercera guerra. Lo que sí sé es que la cuarta será con palos y piedras».

http://www.lanacion.com.ar/860629-una-nueva-edad-media

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